MI PLAN: VACACIONES
Si señores, estoy oficialmente de vacaciones. Y como consecuencia de esto los próximos artículos serán, si mis amigos los políticos me lo permiten, mucho más frescos y tratarán sobre asuntos algo más banales que los que este “curso político” me han obligado a escribirles. Pero estar de vacaciones no implica estar completamente ocioso y menos cuando a la vuelta del verano todas las maquinarias electorales de los partidos políticos estarán engrasadas y listas para poner en marcha su periodo de captación de voto.
Por este motivo ahora me encuentro en Madrid, a cuarenta sofocantes grados que hace que se derritan hasta las farolas, realizando un curso de comunicación política y campañas electorales, intentando comprender los entramados políticos que se generan alrededor de los partidos durante el tiempo en que se preparan las elecciones. Ahora ya reconozco que lo que pensaba que eran los partidos: organizaciones formales que se dirigen a los individuos para representarlos y ayudarlos en aquello pueda revertir en el beneficio social, no existe. En realidad son agrupaciones de intereses que se dedican a pensar en ellos mismos en perjuicio del resto de población o sin observar sus necesidades.
En fin, no voy a continuar que he dicho al principio que estoy de vacaciones y estas son sagradas para el ocio y disfrute personal. Eso sí amigos, no he olvidado el PGOU de Alcañiz, del cual tendré tiempo para escribir a partir del momento en el que llegue a la ciudad de la concordia. De momento, lo único que puedo hacer es alegrarme por el aumento del plazo de alegaciones, tal como informaba este periódico el pasado viernes en su editorial digital. A mi juicio este Plan no debe ser una carrera de velocidad, sino una de fondo; en la que todos los ciudadanos tengan la posibilidad de hablar de mostrar sus preocupaciones. La capacidad de negociación debe mantenerse a lo largo de todo el proceso y es deber del Ayuntamiento escuchar y entender lo que las asociaciones de vecinos les manifiesten acerca del tema que nos ocupa.
Pero no solo es responsabilidad del equipo de gobierno, sino también de la oposición ponerse manos a la obra para enriquecer al máximo este plan que marcará el rumbo de la próxima legislatura. Como diría Maquiavelo hay que fundamentar el gobierno en el bien común que nos une a todos a pesar de nuestras pequeñas diferencias. Si finalmente conseguimos nuestros objetivos, como ciudadanos, estaremos contentos por el PGOU aprobado.
Por este motivo ahora me encuentro en Madrid, a cuarenta sofocantes grados que hace que se derritan hasta las farolas, realizando un curso de comunicación política y campañas electorales, intentando comprender los entramados políticos que se generan alrededor de los partidos durante el tiempo en que se preparan las elecciones. Ahora ya reconozco que lo que pensaba que eran los partidos: organizaciones formales que se dirigen a los individuos para representarlos y ayudarlos en aquello pueda revertir en el beneficio social, no existe. En realidad son agrupaciones de intereses que se dedican a pensar en ellos mismos en perjuicio del resto de población o sin observar sus necesidades.
En fin, no voy a continuar que he dicho al principio que estoy de vacaciones y estas son sagradas para el ocio y disfrute personal. Eso sí amigos, no he olvidado el PGOU de Alcañiz, del cual tendré tiempo para escribir a partir del momento en el que llegue a la ciudad de la concordia. De momento, lo único que puedo hacer es alegrarme por el aumento del plazo de alegaciones, tal como informaba este periódico el pasado viernes en su editorial digital. A mi juicio este Plan no debe ser una carrera de velocidad, sino una de fondo; en la que todos los ciudadanos tengan la posibilidad de hablar de mostrar sus preocupaciones. La capacidad de negociación debe mantenerse a lo largo de todo el proceso y es deber del Ayuntamiento escuchar y entender lo que las asociaciones de vecinos les manifiesten acerca del tema que nos ocupa.
Pero no solo es responsabilidad del equipo de gobierno, sino también de la oposición ponerse manos a la obra para enriquecer al máximo este plan que marcará el rumbo de la próxima legislatura. Como diría Maquiavelo hay que fundamentar el gobierno en el bien común que nos une a todos a pesar de nuestras pequeñas diferencias. Si finalmente conseguimos nuestros objetivos, como ciudadanos, estaremos contentos por el PGOU aprobado.

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